Según la RAE, es sostenible aquello “que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. De ahí que los beneficios de una jardinería sostenible sean infinitos: valoramos el desarrollo de los ecosistemas por encima de la estética, minimizamos los impactos negativos en la tierra, trabajamos mano a mano con la naturaleza, cuidamos de nosotros mismos, entre muchos, muchísimos más.

No solo es una cuestión de responsabilidad individual por el disfrute y satisfacción propios, sino también social, siendo que este nuevo espacio verde aportará su parte de oxígeno y dióxido de carbono al medio ambiente.

 

Hardscape vs. Softscape, una relación en armonía

Dos palabras que se utilizan en paisajismo para describir todos los materiales ‘duros’ (hard) de un jardín, por un lado, como pavimentos, piedras, ladrillos, bancos, palets, etc; y todo aquello que es ‘suave’ (soft), por el otro, todo aquello que tiene vida y crece en tu jardín: árboles, césped, flores, etc.

Por una parte, el hardscape será lo primero que tendremos que construir o instalar, pues no sólo constituye la base que les ayudará a contenerse y crecer correctamente, sino que puede alterar el paisaje o la tierra donde luego plantaremos.

Si hablamos de sostenibilidad, hemos de hablar de un hardscape y un softscape que se fundan con la naturaleza que los rodea, que se mimeticen con todo aquello que encontramos en la zona y que crece de forma natural y endémica. Un buen hardscape no aporta más que beneficios a un jardín, siempre y cuando utilicemos materiales o productos de proximidad y sostenibles para el planeta. Si, por ejemplo, usamos cualquier pavimento, este podría impedir el paso del agua al suelo, lo cual provoca escapes de agua que puede transportar contaminantes hacia arroyos o ríos. En cambio, un pavimento poroso permitirá la filtración del agua en la tierra, pero también evitará potenciales erosiones en el terreno.

Por su parte, un softscape sostenible deberá estar configurado por especies de plantas locales, propias del ambiente y el clima en el que se desarrollarán. En el artículo de jardines pequeños te dejamos algunos tips al respecto. Cabe destacar, que las variedades autóctonas serán también las más agradecidas pues, aun cuando no sean las más populares, son más resistentes a posibles plagas, y saben adaptarse al suelo, reduciendo costes de mantenimiento.

jardineria responsable

Un jardín sostenible… y comestible

No podemos hablar de un jardín sostenible sino hablamos de un huerto. El mes pasado ya te contábamos sobre la función de las plantas aromáticas y su importante relación con los insectos polinizadores. Ese rincón también puede incluir una amplia sección comestible. Optar por una selección de hortalizas es ideal si quieres consumir alimentos ‘limpios’ de fertilizantes o químicos tóxicos. Si apenas te inicias en el cultivo, te recomendamos comenzar poco a poco, empezando con las aromáticas, por ejemplo.

Lo más importante será tomar en cuenta que cada especie tiene sus tiempos de siembra y de cosecha, para lo cual deberemos basarnos en un calendario de cultivo que se ajuste a la zona geográfica donde queremos plantar.

Si cuentas con espacio para incluir algunos árboles frutales, elige ejemplares propios del clima mediterráneo, como el olivo, ideal para plantar en primavera y otoño; cítricos, que podrás cosechar en invierno; o la higuera, el membrillero, el manzano, la nectarina, el ciruelo o el peral, cuyos dulces frutos podremos recolectar principalmente en otoño. No olvidemos los arbustos de especias para el empleo culinario, como el laurel (Laurus nobilis) o el enebro (Juniperus communis), ambos resistentes y con capacidad de alcanzar un gran tamaño.

El huerto nos alimenta, pero este también requerirá de un buen alimento. ¿La clave? El compost, un abono 100% orgánico que podremos producir nosotros mismos en casa, aprovechando toda la materia orgánica y residuos que generamos diariamente. Una solución ideal para evitar el uso de productos químicos en nuestro huerto, permitiendo que nuestras plantas se ‘defiendan’ solas. Todo esto lo podrás hacer de la mano de una compostadora, busca la que más se adapte a tu espacio y tu bolsillo. Un gran recurso para devolver los nutrientes a la tierra, al tiempo que reducimos la cantidad de basura en el hogar.

 

Riego y gestión del agua

La gestión del agua será otro punto indispensable. Si queremos ahorrar agua, no hay nada más sostenible que obtenerla de la lluvia, para lo cual es posible instalar un sistema en el jardín, o simplemente recolectarla manualmente mediante un balde, pero cuidado con los mosquitos…

No olvides que la zona del huerto, árboles y/o flores debe estar cerca de una toma de agua, ya sea para regar manualmente o mediante un sistema de riego automático, o goteo.

Optar por este estilo de vida solo trae beneficios a nuestra salud, pero no te vamos a mentir, requiere esfuerzo y voluntad. La jardinería sostenible no necesita grandes espacios ni gastos desorbitados, pero sí tiempo, mimos y mucho cariño. ¿Te animas?